Desde la Marisquería del Noroeste

Queridos amigos que nos vinísteis a visitar este verano: hoy fui a la playa de Seselle y pude comprobar que ya estais de vuelta: no os vi. Este fin de semana, a casa; el 1 de septiembre, a mirar la sequedad de siempre, las calles de siempre, el parque raquítico donde juegan vuestros hijos.
Este verano estuve con vosotros en Ribadeo, Viveiro, Cedeira, Ferrol, Ares, Cabanas, Pontedeume, Santa Cruz de Oleiros, Coruña, Arteixo, Cabana de Bergantiños, San Francisco de Muros, Corrubedo, Bueu, Cangas, Vigo, Oia, A Guarda… Vimos el Impaís Levitante con sol esplendoroso, brumas y lluvia. Me insistíais que todo era una prodigio, que nada como la comida y el vino de Galicia.
Yo os dije que este impaís se muere, en parte por vuestra culpa, porque muchos de vosotros sois nacidos en él pero emigrásteis sin intentar la aventura de hacer país propio. Os dije que la belleza de Galicia es vendible, un valor en alza cuando el cambio climático ya enseña sus fauces al sur .
Hoy, cuando os enfrentais a la fealdad cotidiana, os recuerdo que en esta Marisquería del Noroeste (¿vísteis al baboso del Mariano con una centolla preelectoral?) se pueden hacer los negocios mejor que ahí, en ese apelotonamiento de barrios, coches y gente donde lo único que conseguís es más dinero que aquí.
Estamos frente a cambios de paradigma, no ante una simple crisis financiera, y Galicia ofrece un buen vivir. ¿Por qué no venís para siempre? Si alguna vez os reclama el recuerdo de vuestra ausencia en los lugares donde malvivísteis (se sufre saudade hasta de la cárcel), siempre podreis ir de visita allí.
Hasta luego. Un abrazo a todos de este vuestro amigo que en 1974 decidió retornar para “hacer las Galicias” como otros hicieron las Américas. No me fue mal: de hecho, soy yo el que os recibe en este pequeño pedazo verde y húmedo del Edén.

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