El camíón de Juan Leizán

La revolución cubana más reciente (no se olviden las de los criollos contra el poder de Madrid) es un pozo sin fondo de aventuras.
Quien lea papeles del oficialismo castrista verá que se habla de “el camión de Juan Leizán” como heroico instrumento de la Revolución. Y, ciertamente, en la cabina de ese camión iba Fidel Castro prisionero después de andar por el monte, huido, tras fracasar el asalto al cuartel de Moncada un 26 de julio de 1953. El 1 de agosto, con la vida garantizada por el arzobispo de Santiago (de Cuba), don Enrique Pérez Serantes, bajó el jefe de los asaltantes desde la finca de Manuel Leizán, un señor de O Incio (Lugo). Conducía su hijo Juan, que pasaría a ser héroe oficial de la Revolución popular convertida en castrista.
Al pobre de Juan Leizán le cayó una desgracia con su conversión en héroe. En la locura barroca de Cuba, Leizán se iba a convertir en prisionero del castrismo. Nunca le dejaron salir de Cuba (¿cómo se iba a marchar un héroe?). Sus pariente se marcharon a buscarse la vida pero el tuvo que quedarse, por héroe; y en Cuba murió. Se llamaba Juan Leizán Montero y tiene un sobrino en Puerto Rico, Juan Leizán López, que hizo todo lo posible por poder sacar a su tío del paraíso castrista. Hasta habló con Ramón Castro, que consultó con sus hermanos. “Imposible, chico” fue la respuesta; “pero a tu tío nunca le ha de faltar nada”. Y no le faltaron frijoles y arroz mientras sus hermanos y sus sobrinos comían “res” en Puerto Rico y en Galicia…

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