El vicio de escribir

Con Manuel Sánchez Dalama

Hola a todos. Empiezo a contar vanidades de escritor hablando de escritores, si se me permite:
No sé si sabréis lo que es la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal y el Eixo Atlántico (en España se sabe poco de España y menos de Portugal). Como la web es de todos, teclead esos nombres y veréis que es algo interesante, natural como la geografía y la historia de la Gallaecia de los romanos, una idea transfronteriza muy apoyada en Bruselas por la Comisión Europea.
Pues bien, hará un mes fui al plenario del Eixo Atlántico a Oporto (algún día hablaremos de por qué los castellanos le llaman Oporto y no Porto o El Puerto a la ciudad originaria de Portugal). Tuvo lugar en el museo de arte moderno de Serralves, de lo más recomendable: tenía una exposición de rebeldías culturales. Acabada la ceremonia, y bebidos espléndidos vinos de Douro y Dão, tomé camino de Coruña, y paré en Vigo, concretamente en casa de Manolo Sánchez Dalama.
Manolo es un tipo interesantísimo, con vida única, que él podrá contar mejor que yo pero que yo anticipo con gusto:
A él debo lo de “el vicio de escribir”. Dice que los escritores batimos teclas por vicio, por una necesidad loca. Estoy de acuerdo. Hace muchos años que descubrí lo que dice George Orwell en Why I write: somos como el niño pequeño al que no le pasa nada pero llora por llamar la atención. Yo aporto mi idea, que comparte Xavier Queipo en nuestros paseos literarios por Bruselas: somos unos psicópatas que se equilibran en el ejercicio de la escritura (o casi se equilibran, porque hay algún… Ya hablaremos, de ellos y talvez de sus mujeres).
Escribimos por vicio. Por vicio, Manuel Sánchez, soldado del ejército revolucionario cubano, apuntaba cuanto podía con pedazos de lápiz en trocitos de papel. Estaba en la cárcel por sus desvíos ideológicos, y ni su padre sabía donde lo habían metido, cuando el viejo era un revolucionario condecorado.
El viejo Sánchez era un gallego metido a la revolución, guaguero, de la línea Habana-Santiago, enlace del movimiento 26J en el llano, entre los de la Sierra y las ciudades de la línea.
Pasados los años, Manolo consiguió que su padre recuperase la nacionalidad española, con lo que él y su hermano, hijos de héroe, conseguirían la bendita nacionalidad que permite salir del paraíso castrista (para nunca volver, claro).
Ahora Manuel disfruta la tierra amables de sus ancestros, los Sánchez y los Dalama (Da Lama). A orillas de la ría de los grandes trovadores escribe novelas, sobre Cuba y sobre Galicia. Con la última –que cuenta de Man, el alemán de Camelle– y del horror del Prestige, ganó el premio Ciudad de Badajoz.
En la visita hablamos mucho de Cuba, de esa Cuba de los gallegos, de la Habana donde el Centro Gallego tenía 65.000 socios cuando el Comandante mandó expropiar. Qué distinta es Cuba contada por alguien sabe quien era Eddy Chibás Rivas, el que no se fiaba de Fidel cuando el segundo de los Castro (el mayor era Ramón) se decía fervoroso miembro del Partido Ortodoxo; qué distinta cuando se recuerdan curiosidades como que Neruda hiciera loores al “indio” (mulato de pelo liso) Batista, supuestamente izquierdista en su primera presidencia.
¿Cuándo se van a saber las verdades de Cuba?
Quizá cuando se liberen todos los viciosos de escribir que no pueden publicar.
En esa jornada viguesa hablamos de Carlos Moore y de su libro imprescindible para entender la revolución castrista: Pichón.
Pero de Pichón, memorias de un negro jamaicano en la Cuba siempre racista, escribiré otro día. Prometido.
Y por hoy, poco más, pues escribo en horas cansadas, deducidas del sueño. Por menciones, saludo a Sánchez Dalama desde este lugar de la web y le confirmo la calidad de los puros del cartucho que me regaló. También saludo a Carlos Moore, que –después de mil vueltas en busca de libertad y del derecho de ser negro de piel, ¡qué coño, compañero!– vive en el paraíso de la mulatidad, Bahía de Todos os Santos.
Una vez saludados los colegas de vicio, permítanme los pacientes lectores recomendarles los textos que ellos fueron escribiendo desde el coraje de ser cubanos a contrapelo.
Buenas noches, felices sueños, y que ningún tsunami anule nuestras capacidades de sentir y escribir lo sentido.

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