Encuentro con la Historia

Escribo desde San Juan de Puerto Rico, ciudad inexcusable para quien sepa algo de lo que España pudo ser y no fue. En la mochila traigo muchos recuerdos de Washington, ciudad que en visitas anteriores siempre había sido yanqui pura para mí. De esta vez, sin embargo, fue muy gallega.
No penseis -los amigos no gallegos- que lo de la galleguidad es un invento saudosista. Es una de las fuerzas del soft power mundial que más desaprovechan quienes gobiernan Galicia y España. Creo que sólo Manuel Fraga fue consciente de lo que vale la diáspora gallega.
Bien: estuve repetidas veces en el Washington Post, donde trabaja Alberto Avendaño, responsable de Tiempo Latino. Alberto me presentó a distintas personas, que me atendieron a la hora de hablar de mis vanidades literarias, principalmente de ‘Verde oliva’, novela recién salida del horno.
Y una vez, como si se produjese una conjunción de astros, Alberto se dirigió a un señor mayor con cara que llenara las pantallas y las páginas hace mucho, en tiempos de pasión política: Benjamin Bradlee, felizmente vivo a los 91 años, el editor del Post cuando se produjo el escándalo de Watergate. La conversación fue breve y amable. El anciano nos atendía a pie de una imprenta histórica a la entrada del edificio del periódico, el calor era terrible y los americanos no saben vivir sin aire acondicionado… Bradlee me apretó la mano con fuerza y sentí que me transmitía Historia, historia secreta, la de quien durante décadas calló el nombre de la Garganta Profunda…
Todo eso gracias a un gallego de la Diáspora, para más detalle, poeta de origen y vigués. Como dije, Alberto Avendaño.

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