“Verde oliva” : la historia B de la Revolución Cubana

Xavier Alcalá (Miguelturra, Ciudad Real, 1947) es un claro ejemplo de esa nómina no demasiada extensa de escritores nacidos fuera de Galicia, pero perfectamente integrado en su sistema literario, en el que ha publicado éxitos de público, crítica y lectores como A nosa cinza, uno de los best seller de la narrativa gallega o la trilogía “Evanxélica Memoria” (Entre fronteiras, Nas catacumbas, Unha falsa luz) o Alén da desventura (Premio Blanco Amor 1998). En 1982 Xavier Alcalá se inicia en un tema que, con el paso del tiempo, será recurrente en su macrotexto: el mundo de la emigración gallega en el continente americano, con el propósito de recuperar la memoria histórica gallega desperdigada por tierras de Latinoamérica. Y lo hace echando mano de diversos géneros: crónica de viajes a caballo entre la ficción literaria y la memoria histórica, relatos con un transfondo biográfico o novelas, verdaderos docudramas, como Verde oliva, novela en la que el autor inventó muy poco, fruto de sus viajes a Cuba, reflejados alguno de ellos en Habana Flash. Un libro polémico que le acarreó al autor la prohibición-sugerencia, llegada por vía diplomática de no volver nunca a la Isla.

Mas de escritor monolingüe gallego, Xavier Alcalá ha derivado en sus últimas publicaciones hacia un bilingüismo, hoy frecuentado por otros literatos gallegos. Un hecho asumido hoy con normalidad, pero piedra de escándalo hace años para ciertos guardianes de la ortodoxia lingüística. Tal es lo que ocurre con Verde oliva. El propio autor es el padre de la edición en gallego (Editorial Galaxia) y de la española, que edita Nowtilus.

Xavier Alcalá es un verdadero maestro a la hora de transformar la intrahistoria en historia, en historias inventadas, pero con bases reales, extraídas de conversaciones, viajes o cualquier otro tipo de documentación. Maestro así mismo, como ya señalé, cuando escudriña el mundo de la emigración gallega y profundiza en el espacio y en la memoria del galleguismo transterrado. En Verde oliva Xavier Alcalá se acerca a Cuba, mejor dicho a la Revolución cubana, inventando muy poco y poniéndose al lado de los perdedores, tomando partido -son palabras suyas- por la gente que estaba contra los hermanos Castro y la tropa castrista. Los perdedores son para Xavier Alcalá los compañeros de los castristas que lucharon contra el “batistato” sin renunciar a los principios democráticos.

El lector de esta larga novela no debe olvidar que el viajero, y también el narrador suele encontrar lo que busca. Y desde el año 1989 sabemos que para Xavier Alcalá, Cuba es la inercia absoluta y Fidel es el Supremo (cínico, traidor, sanguinario). Remito a la crónica de sus viajes a la Isla, Habana flash. Sin embargo no osaría afirmar que Xavier Alcalá encuentra lo que busca en esta historia real de la joven Mariana, agente secreto del Movimiento 26-J. Nacida en Galicia el año 1936, hija de padre gallego habanero y de una criolla, alter ego de Juana Maseda, personaje real de setenta y siete años que vive en la actualidad en una aldea de Lugo, arriba a la capital cubana con tan solo catorce años. Ella será la voz narrativa de esta novela. Educada en un ambiente democrático y laico (su padre había sido republicano en España) y amiga de personajes como Raúl Roa o Eduardo Chivás Rivas, se ve inmersa por voluntad propia en la revolución política, clasista y antirracista contra aquel sargento mulato, convertido en dictador, que fue Fulgencio Batista.

Trabajando en la clandestinidad y en Sierra Maestra en extraña connivencia con los militares de Batista que la resguardan de la policía del sanguinario Ventura y son a la vez protegidos por ella, la protagonista participa en el triunfo de la Revolución y así mismo en una gran decepción pues un golpe interno permitió que finalmente se impusiese el comunismo. Por eso mismo, la novela termina con un “Epílogo necesario” en el que Mariana, o mejor dicho Juana Maseda mirando al Cantábrico, le reprocha al “monstruo” Fidel, sesenta años después, las traiciones a los ideales de los revolucionarios que dieron su vida por la libertad de la Isla.

De esta manera convierte X. Alcalá la intrahistoria en historia de intrigas, en la “historia B” de la Revolución cubana, fusionando vivencias individuales y su personal radiografía social. Y cediéndole la voz a la protagonista para hacer más creíble y vehemente el relato de quien abrazó la causa de la Revolución y termina decepcionada sesenta años después del comienzo de lo que les había unido.

La edición española que no ofrece Nowtilus, añade a la gallega un glosario de personajes muy esclarecedor e ilustraciones en formato fotográfico sumamente significativas que, en algún caso, son un ajuste de cuentas con un Fidel Castro barbudo que así habla desde un pie de foto. “Yo no soy comunista. Mi ideología política es bien clara. Nosotros, antes que nada, sentimos los intereses de nuestra patria y de nuestra América, que es también una patria grande…” (Página 373). Un estilo narrativo ágil, visual y cinematográfico ayuda sin duda a que la novela entronque fácilmente con la realidad y con los deseos de cambio que laten en la Isla caribeña.

En Brújulas y espirales, de Francisco Martínez Bouzas
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